¡Peligro! Sol y calor en montaña (2ª parte)

En nuestro anterior artículo sobre el calor en montaña, compartíamos algunas medidas preventivas y sugerencias para protegernos de él. En esta ocasión, analizamos las patologías que podría provocar una prolongada exposición y cómo deberíamos actuar para atender a la víctima y minimizar las consecuencias.

En general, el grado de afección de estas patologías dependerá de las condiciones ambientales como la temperatura, humedad y viento, o las condiciones propias de la persona como su hidratación, aclimatación, vestimenta y condiciones médicas. La capacidad de soportar el calor varía de unas personas a otras, pero todos disponemos de un sistema de refrigeración consistente en que la circulación de la sangre se pone en contacto con la piel y esta difunde el calor hacia el aire exterior.

Las patologías que veremos podrían aparecer durante la actividad, pero hay efectos perjudiciales no tan inmediatos que también debemos tener en cuenta como son el envejecimiento prematuro de la piel, quemaduras, manchas solares, lesiones cancerosas o cataratas en los ojos. Debemos protegernos tanto en días nublados como soleados, así que ante todo pedimos ¡prevención!

Golpe de calor:

Es el riesgo más grave ya que incluso puede causar la muerte o secuelas importantes si no hay un tratamiento inmediato. Algunos signos y/o síntomas que nos pueden ayudar a reconocer un golpe de calor son una temperatura corporal elevada, piel caliente y seca (sin sudor), dolor de cabeza, náuseas, somnolencia, sed intensa, confusión, delirios, pérdida de conciencia y convulsiones.

En estas circunstancias, lo mejor es mantener a la persona tumbada y rebajar su temperatura desvistiéndola y refrescando su cuerpo mediante toallas húmedas, abanicos, agua fría, etc. Hay que llamar de inmediato al teléfono de Emergencias 112.

Insolación:

Provoca un dolor de cabeza que puede llegar a ser intenso por estar mucho tiempo al sol con la cabeza descubierta. Buscaremos un lugar fresco y seco (cueva, abrigo natural o vivac, espesura de un bosque, etc.) para que la víctima descanse. Si no fuera posible, la cubriremos con la manta térmica, con la cara dorada contra ella para absorber el calor y la plateada en el exterior para repeler los rayos del sol. Sería conveniente además aplicarle frío en la cabeza si disponemos de un gel o llenando una bolsa con nieve o agua de un río. En caso necesario, podríamos administrarle una aspirina o paracetamol.

Calambres:

Son contracturas musculares dolorosas que suelen aparecer cuando la persona que ha sudado mucho bebe una gran cantidad de agua, pero no repone la sal que también se pierde con la sudoración excesiva. Los músculos en los que suelen aparecer los calambres son los de brazos, piernas y abdomen.

Como en los anteriores casos, habrá que buscar descanso en un ambiente fresco. E igualmente importante beber líquidos que lleven sales, como el suero oral o la limonada alcalina (zumo de limón al que se añade agua, un poco de sal y bicarbonato, si es que lo tenemos a mano o hay un refugio guardado cercano).

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Andrés

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