Ya hace un siglo, el naturalista John Muir escribía: “Miles de personas cansadas, con los nervios destrozados e hipercivilizadas están empezando a descubrir que ir a la montaña es como ir a casa; que el contacto con la naturaleza es una necesidad; y que los parques y reservas naturales son útiles no solo como fuentes de leña y de agua para regar, sino también como fuentes de vida”.

Cada vez estamos más conectados a la tecnología y más desconectados de la naturaleza, una situación que afecta de forma negativa a nuestro cuerpo y mente.

Probablemente alguna vez hayamos sentido una sensación de plenitud y vitalidad tras un paseo por el campo o la montaña, y es que está demostrado que tiene grandes beneficios para nuestro cuerpo.

Cada vez pasamos más tiempos encerrados entre 4 paredes, bien sea en una oficina durante la jornada laboral o en nuestra casa con consecuencias fatales para la mente. Y ya no digamos después del confinamiento vivido por la pandemia del Covid’19.

El periodista y escritor estadounidense Richard Louv acuñó el término “trastorno por déficit de naturaleza” (TDN), indicando que la exposición directa a la naturaleza es fundamental para el buen desarrollo humano, especialmente en los niños. Sin duda la naturaleza es el entorno donde sobre todo los más pequeños exploran libremente, sin la necesidad de recurrir ni ser reemplazado por la tecnología, por muy avanzada que sea.

Hacemos referencia ahora al catedrático de Psicología Ambiental de la UAM, José Antonio Corraliza quien afirma que “el TDN forma parte de un conjunto de problemas que, genéricamente, se denominan enfermedades psicoterráticas, que son trastornos que tienen su origen en una deficitaria o patológica relación con el entorno en el que vivimos”.

Entre otras cosas, un déficit de naturaleza provoca falta de concentración, ansiedad, estrés… suficientes perjuicios como para tomárselo en serio. Además, las enfermedades respiratorias se agravan en los entornos urbanos. La obesidad, el asma, la hiperactividad o la falta de vitamina D también son otros síntomas que se ven afectados por la falta de este contacto vital.

No hace falta que nos vayamos a vivir al bosque, pero si hacemos frecuentes escapadas a entornos naturales podremos notar sus múltiples efectos beneficiosos como:

-Disminución de la presión arterial

-Bajar los niveles de ansiedad, depresión o hiperactividad.

-Mejora del sueño

-Fortalecimiento del sistema inmune.

-Mejora de la autoestima.

-Mayor capacidad de atención.

-Incremento de la vitalidad.

-Incremento de la capacidad cerebral y la claridad del pensamiento.

-Mejora de la creatividad.

 

¿Cuándo empiezas a cuidarte?

El estado de emergencia sanitaria en el que nos encontramos invita a reflexionar sobre la relación que tenemos con la naturaleza. Los seres humanos nos sentimos separados y diferentes de eso que llamamos medio-ambiente, cuando resulta que somos parte de él.

La comunidad científica coincide en que la razón de la aparición de las nuevas epidemias es la transmisión de enfermedades de animales a personas. Y a su vez, el origen de estas enfermedades está en los cambios del uso del suelo y la deforestación, la agricultura intensiva, el comercio ilegal de especies y el cambio climático. En resumen, vivimos en una Naturaleza simplificada y empobrecida que no cumple con sus funciones. Y la buena salud del planeta es sin duda la mejor vacuna contra futuras pandemias.

Como indica el investigador del CSIC Fernando Valladares “Una naturaleza compleja, rica en especies y en procesos ecológicos mantiene un alto nivel de funcionalidad y amortigua extremos climáticos, contrarresta la polución y frena el avance de muchas enfermedades.” Por ello, es fundamental revisar nuestra relación con la naturaleza y nuestro actual sistema socio-económico. Vivir de espaldas a la naturaleza es insostenible. Las desigualdades sociales amplifican la degradación ambiental (tan solo 62 personas suman la riqueza que suma la mitad de la Humanidad). La riqueza permite sobre-explotar recursos y destruir ecosistemas. Y a su vez la pobreza extrema promueve el consumo de animales salvajes, depósitos naturales de muchos virus.

Me llamó la atención recientemente una especie de fórmula matemática con la que se calculaba la magnitud de una pandemia = desigualdad social + destrucción ambiental x globalización

El sida, la gripe, el ébola y, ahora, el coronavirus. Cada cierto tiempo, un nuevo brote de una terrible enfermedad pone en jaque a la humanidad. Sus orígenes son diversos pero hay un factor que claramente está aumentando el riesgo de transmisión de este tipo de enfermedades: la pérdida de bosques y biodiversidad.

Los bosques son el hogar de miles de especies animales diferentes, muchas de ellas portadoras de virus, bacterias y otros microorganismos a los que el ser humano no había estado expuesto.

Desde Rutas por Montaña nos solidarizamos con las familias afectadas por el COVID-19, y recordamos que es importante seguir poniendo de relieve estas realidades para prevenir y evitar pandemias en el futuro.

Ahora más que nunca debemos formar a los niños en el respeto al medio ambiente, el cuidado y la conservación de la naturaleza.  Es necesario que los padres y madres podamos transmitir lo importante que es cuidar de nuestro entorno, con muchos de nuestros gestos diarios que tienen que ver con: eficiencia energética, ahorro de agua, movilidad sostenible, reducción de residuos y reciclaje, consumo responsable, conocimiento y protección de la biodiversidad. Así formaremos a las futuras generaciones en la prevención del riesgo y la mitigación de la peor crisis a la que van a enfrentase: la crisis climática.

Las actuales circunstancias nos han arrebatado el acceso al medio natural. Y esto nos hace recordar que antaño, en ocasiones lo hemos hecho con prisa y con menos consciencia, sin permitirnos un momento de relajación para poder disfrutar más intensamente de la naturaleza.

Durante el confinamiento, podemos cuidar y hablar a nuestras plantas de casa, mirar el cielo, abrir las ventanas para sentir el aire (ahora más puro y menos contaminado) y escuchar el canto de las aves. También estar más presente en los cortos paseos que se nos permiten y lógicamente, el más sencillo que es ver videos de naturaleza en televisión o internet. En nuestra propuesta de hoy, nos centraremos en esta última opción, pero solo haciendo uso del sentido del oído a través de varias herramientas digitales.

En la naturaleza podemos encontrar un amplio rango de melodías y registros: así, en las cimas predominan los instrumentos de viento, en los bosques las sinfonías interpretadas por multitud de animales y en las riberas, la musicalidad del constante susurro del agua fluyendo.

En este abril húmedo, tras las recientes nevadas, el deshielo convierte al agua en el rumor protagonista del medio montañoso: arroyos estacionales y ríos, “inundan” de sonoridad esta época de florecimiento. También la avifauna celebra con cantos más profusos la llegada de este periodo de abundancia de luz, agua y comida.

Y es que estar en el medio natural mejora el estado emocional de una persona al relajarla y tranquilizarla, contribuyendo también a la mejora del sueño. Los científicos han demostrado que incluso con pasar un rato en el bosque se mejoran las funciones mentales y también el estado de ánimo. Así que cerrad los ojos y dejaros llevar por estos sonidos que os harán disfrutar de un viaje virtual por la naturaleza. Y tal vez incluso sientas y escuches lo que hasta ahora no habías percibido en tus salidas (pincha sobre el título para ir al sonido/video).

Lluvia en montaña

Varios sonidos en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Pájaros en el bosque

Bosque de Ribera

Web con varios sonidos de la naturaleza (recomendamos especialmente los bosques diurno y nocturno). Tenéis que activar el «play» en «configuración de sonido».

 

Os proponemos a continuación algunas aplicaciones para móviles que también os ayudarán a acercaros la naturaleza (pincha en el título para ir a la aplicación):

Sonidos de la naturaleza Lite: dispone de un amplio repertorio con buena calidad de sonido.

Nature sounds: con la peculiaridad de que cada sonido incluye un sonido básico al que podemos añadirle otros sonidos adicionales (búhos, el fuego de una hoguera o los truenos de una tormenta, por ejemplo).

Noisli: nos permite crear nuestras propias combinaciones para guardarlas en una melodía única. Cuenta con un buen catálogo de sonidos y además nos permite ajustar el tiempo que estos sonidos permanecen activos. Su única traba es que cuesta 0.99 euros mientras que el resto de alternativas son gratuitas.

Relax lluvia: incluye gran variedad de sonidos de lluvia que pueden mezclarse con los truenos de una tormenta y una música de ambiente, pudiendo calibrar el volumen de cada uno de forma individual. Dispone además de un temporizador por si nos quedamos dormidos.

 

Por último, os dejaremos un resumida muestra de Carlos de Hita, el gran referente en España en el arte de captar sonidos de la naturaleza. Ruidos y sonidos que convierte en música. Para él, los habitantes del medio natural son a la vez músicos e instrumentos. Ha publicado varias colecciones de discos sobre paisajes sonoros naturales y es artífice de numerosas instalaciones sonoras en exposiciones, museos y centros de interpretación de la naturaleza.

Al atardecer: “Tejera Negra” (Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara)

En la noche: “Noche de Cárabos” (Valle de Valsaín – Parque Nacional Sierra de Guadarrama); “La hora del cambio de guardia” (Parque Nacional Sierra de Guadarrama)

Al amanecer: “El Coro del Alba en el Hayedo” (Selva de Irati)

Esperamos que estas voces de la naturaleza os sitúen en un espacio estéreo que ahora vemos solo “de oídas”.

Tal y como se ha hecho con nuestro sector (como en la mayor parte del ocio y turismo en España), la segunda semana de marzo suspendimos de forma indefinida nuestra actividad hasta que pase la pandemia en nuestro país. Y es que seguir a rajatabla las indicaciones de los gestores de la crisis se hace necesaria para minimizar consecuencias (especialmente las sanitarias) y dejarla atrás lo antes posible.

Más que nunca, el sufrimiento está muy cercano, familias con problemas económicos, de convivencia, desbordadas por la incertidumbre y en algunos casos lo peor, con personas que no pueden despedirse de sus seres queridos y viceversa.

Estos días hemos visto vídeos y mensajes en las que se nos recordaba que esta crisis nos servirá para valorar tantas cosas buenas que tenemos en nuestra vida. Por supuesto que el planeta en el vivimos es un tesoro (el más importante para la humanidad) y cuando podamos volver a la montaña nos daremos aún más cuenta de su belleza, del placer de respirar el aire limpio, sentir la brisa en nuestra cara, escuchar los sonidos de los pájaros, los ríos y las copas de los árboles en movimiento, o simplemente el poder “estar” en el medio natural. Ahora es momento de “estar presente” en la crisis para luchar contra ella con todas nuestras fuerzas y responsabilidad y también para imaginar cómo será nuestro reencuentro con la montaña cuando esto pase. Y también más que nunca y debido al largo “confinamiento”, este contacto terapeútico con la naturaleza se hará más necesario que nunca. Mucho ánimo

Cuando vamos al monte en invierno, la mayor pérdida de temperatura corporal suele producirse a través de la cabeza, los pies y las manos. Por ello, centraremos nuestras estrategias en proteger estas zonas. En el caso de la cabeza lo tenemos fácil, simplemente disponiendo de un buen gorro de invierno. Y para pies y manos es especialmente llevar siempre en la mochila los calentadores químicos que ocupan poco y al abrirlos pueden durar hasta 5 horas.

Empezar la actividad con los pies calientes se nos antoja imprescindible. Mientras vayamos en el coche, colocando las botas bajo el chorro caliente de la calefacción, nos garantizará un buen comienzo.

Cuando nuestras botas no tienen el suficiente aislamiento o grosor, o incluso si los calcetines no son los suficientemente gruesos, podemos fabricarnos unas plantillas con un parasol del coche. Son un buen aislante del frío y la humedad.

Y si encima se nos mojan los calcetines, podemos meter nuestro termo con bebida caliente dentro de ellos y así se secarán rápido. Si no tenemos bebida caliente pero disponemos de un hornillo, calentaremos una cantimplora con agua y a continuación la metemos en el calcetín bien cerrada. Y para mantener las botas secas y no muy frías, o incluso secarlas si se han mojado, el papel de periódico es infalible.

Si tenemos guantes pero no son impermeables y comienza a llover o nevar, podremos evitar que se mojen las manos con unos guantes de cocina. Eso sí, solo es recomendable usar este truco en las paradas, ya que hacerlo en pleno esfuerzo hará que sudemos y las manos se mojarán enseguida.

Cuando vayamos a usar poco las manos, solo para sujetar los bastones, las manoplas serán más adecuadas para mantener la temperatura. Y si no, unos guantes finos de seda bajo los principales, añadirán aislamiento sin apenas perder transpiración.

A veces tenemos dificultades para abrir un termo con los guantes. Poniendo una o varias gomas elásticas alrededor del termo, mejorará el agarre y así no tendremos que quitarnos los guantes. Un buen recurso para mantener más tiempo la bebida caliente es rellenarlo con agua hirviendo y vaciarla de nuevo antes de echar nuestra bebida.

Esperamos haber reducido tus excusas para no salir al monte en esta época. Que disfrutéis de la montaña invernal, siempre con prudencia y revisando antes de salir la previsión meteorológica.

Este verano (¡ay, qué lejos queda ya!) tuve la oportunidad de observar el firmamento durante dos horas con un super telescopio y un experto en astronomía. Era una noche despejada y el espectáculo era increíble. A través de la mano experta del guía (no os lo perdáis, Astroafición) pudimos observar Saturno con sus anillos, Júpiter con sus lunas, la Galaxia de Andrómeda, el Cúmulo de Hércules, estrellas dobles y muchas más cosas que soy incapaz de recordar ahora.

Durante las primeras observaciones con el telescopio no dejé de decir en voz más alta de lo que debiera «¡guauuuu!¡pero mira cómo se ve!¡qué pasadaaaa!». Luego ya me fui calmando, que mantener esa excitación durante dos horas es complicado. Fui pasando a una fascinación tranquila, casi contemplativa. Cuando terminó la observación me sentía completa, feliz.

Es curioso. Tenemos el cielo disponible para mirarlo todos los días de nuestra vida. ¡Y qué poco lo miramos! Tanto de día como de noche. Cierto es que la contaminación lumínica no ayuda a poder observar el firmamento nocturno. Aún con todo, tomar conciencia de lo que nos rodea es maravilloso. En esas dos horas el guía nos iba dando cifras de distancias, tiempo de existencia, y otros datos increíbles. Algunos tan básicos como que estamos viendo ahora la luz de estrellas que quizás ya no existen y que la tierra se mueve a 1.600 km/h.

Hoy he recordado esa experiencia al encontrarme con la palabra japonesa Yuugen en una meditación de Calm. Quiere decir «tomar conciencia de la belleza e inmensidad del universo». He leído también “conciencia del universo que produce respuestas emocionales demasiado profundas y misteriosas para explicarlas con palabras”

En contraposición, nuestro día a día es prosaico, lleno de tareas, objetivos y poco sentimiento de asombro. Y cuando lo hay suele ser negativo. Miramos poco alrededor, desconectados de lo que hay ahí fuera. Cuando digo ahí fuera no sólo hablo del cielo, sino también de la naturaleza que nos rodea, por ejemplo.

A mi me gusta pensar, en mi día a día, en lugares que despiertan en mi sensaciones de pertenencia a algo más grande que yo. Por ejemplo, el mar Cantábrico, algunos lugares del Pirineo… Pienso «ahora mismo el mar está batiendo esas rocas que tanto me gustan» «Aunque yo no esté ahí, las marmotas de los Llanos del Hospital seguirán haciendo de las suyas». No sé si eso es Yugeen, pero a mi me ayuda a sentir que no soy el centro del mundo, sino una pieza infinitesimal de algo mucho más grande, del que formo parte.

Me ayuda a sentir confianza en que la tierra gira sin que yo tenga que empujarla. ampliar perspectiva y sentir gratitud por la vida.

En el Pirineo existen cumbres y valles grandiosos y espectaculares. Pero hay un lugar que atrae de una forma especial la mirada y deseo de cualquier aficionado a la naturaleza. Se trata del Parque Nacional de Ordesa, coronado por el imponente Monte Perdido. Sus cuatro profundos valles (Ordesa, Añisclo, Pineta y Escuaín), están igualmente dominados por esta cima.

Lo peculiar de esta montaña es que sin ser la más alta de la cordillera, es la más venerada por el montañismo en toda la geografía española. Sin duda, el atractivo de cualquiera de los itinerarios de ascenso a través del Parque Nacional y las vistas desde su cima, lo justifican.

El Parque fue fundado en 1918 por el promotor Pedro Pidal*, si bien fueron los pirineístas franceses los que más aportaron a su protección con la difusión de fotos y escritos, ensalzando sus paisajes. La belleza de sus frondosos bosques, bulliciosos torrentes y profundos cañones ha sido ensalzada por ilustradores y naturalistas de todo el mundo. El primero en alcanzar su cima fue el historiador Ramond de Carbonières en 1797 que escribió “…del Mont Blanc es preciso ir a Monte Perdido. Cuando se ha visto la primera de las montañas graníticas, falta por ver la primera de las montañas calizas”. Y es que junto a sus vecinas Soum de Ramond o Pico de Añisclo y al Cilindro de Marboré forman “Las Tres Sorores”, el macizo calcáreo más alto de Europa.

La gran variedad de flora que atesora es motivo de estudio de numerosos científicos, destacando la tan protegida Edelweiss. Los bosques, liberados de la tala desde hace un siglo, se han desarrollado naturalmente y parece que nunca hayan visto un hacha. Y la fauna, encabezada por el majestuoso quebrantahuesos, completan uno de los patrimonios naturales más importantes del sur de Europa.

Monte Perdido es, entre otras cosas, un libro de Geología a cielo abierto. En él se pueden apreciar los plegamientos que hace millones de años se formaron al levantarse el fondo del mar.

A finales de agosto acometeremos en “Rutas por Montaña” la ascensión a Monte Perdido por una ruta sin dificultades técnicas aunque exigente en esfuerzo. Y además visitaremos los lugares más relevantes del Parque. ¿Nos acompañas?

Más información en info@rutaspormontana.es o en el 666 00 27 07

* Don Pedro Pidal, aristócrata y cazador, fue paradójicamente una importante figura del proteccionismo medio-ambiental en España. Dos meses antes de conseguir la declaración del Parque Nacional de Ordesa, había logrado asimismo la fundación del primer Parque Nacional de de España, el de Picos de Europa. Pero su popularidad se debe principalmente a que fue el primero en coronar el Pico Urriellu o Naranjo de Bulnes junto a Gregorio Pérez “el cainejo”.

Con este post nos sumamos a la “ola” de sensibilización” ante los peligros potenciales de la inminente “ola” de calor. Ahí van unos consejos para que nuestra actividad montañera en días soleados y calurosos sea placentera y exenta de riesgos.

Lo primero de todo, debemos tener en cuenta que nuestro cuerpo se protege del calor sudando y eliminando líquidos. Por ello, debemos protegernos antes de que aparezcan la fatiga, los calambres, la deshidratación y otras consecuencias aún peores. Aquí van unos consejos prácticos:

Deberemos en primer lugar planificar la ruta:

  • Previsión meteorológica: consultarla, especialmente la temperatura y la velocidad y dirección del viento.
  • Horarios: a ser posible evitando las horas de más calor.
  • Itinerario: buscando zonas boscosas, a sotavento y cara norte de los macizos, por lo general más sombríos.
  • Agua: hay que identificar los posibles puntos de aprovisionamiento e incluso llevar pastillas potabilizadoras.

La elección del material adecuado también es relevante:

  • Ropa: preferiblemente de colores claros, con gran capacidad de transpiración. No olvidar nunca el corta-vientos ya que en collados o lugares ventosos nos protegerá del riesgo de deshidratación, sobre todo si vamos a estar parados. Debemos cubrirnos la cabeza, con una gorra por ejemplo que incluso nos cubra la parte trasera del cuello. También importantes son los calcetines, que nos permitan buena transpiración y no nos provoquen rozaduras. Hoy en día ya los hacen incluso sin costuras y con tejidos anti-ampollas. Si la excursión es larga, nos vendrá bien un segundo par para cambiarlos y mantener secos nuestros pies.
  • Calzado: si el terreno no está embarrado o no vamos a cruzar largos neveros, será mejor usar calzado sin membrana impermeable (sin Goretex o similar).
  • Gafas de sol y crema solar: fundamentales, especialmente para protegernos de los rayos ultravioletas. A mayor altura, mayor exposición a la radiación solar por lo que elegiremos una crema con un alto “Factor Protector”, tanto de los rayos UVA como de los UVB. Estas precauciones deben ser aún mayores con los niños. Y también usaremos un lápiz labial o vaselina que nos mantenga bien hidratados los labios.
  • Manta térmica: siempre útil, ya que en ésta ocasión la cara dorada (colocada contra nuestro cuerpo) puede absorver el calor y la plateada (hacia afuera) repeler los rayos del sol.
  • Cantimplora o depósito para el agua: en este aspecto no debemos escatimar en peso, especialmente si en la ruta disponemos de poca sombra y pocas opciones de aprovisionamiento. Debemos evitar bebidas azucaradas y con cafeína ya que favorecen la eliminación de líquidos.
  • Comida: la fruta nos aportará sales minerales. No son convenientes los alimentos que deshidratan como la pasta o los frutos secos.

Pautas a seguir durante la actividad:

  • Beber agua con frecuencia. Incluso llevar sales y tomarlas a mitad de la excursión. También es conveniente refrescarse la cabeza, secándola con un pañuelo.
  • Paradas intermedias: realizarlas en lugares con sombra, resguardados del viento (ya que es un factor que aumenta la deshidratación) y a ser posible evitando lugares con nieve ya que ésta refleja la luz solar. Tratar de no prolongarlas en exceso, sobre todo si estamos expuestos al sol o al viento.
  • Estirar: de vez en cuando para evitar calambres y sobre-cargas.

Y como siempre, llevar el móvil bien cargado, el teléfono de emergencias de la zona, dejar avisado de nuestro itinerario, ir siempre acompañad@s, etc.

Hace unos años el entorno natural era el medio de vida de mucha gente. Sin embargo ahora es el medio de vida de unos pocos (la España vacía) y el ocio de muchos, ya que cada vez somos más las personas que nos acercamos a él para disfrutarlo.

Esta es una gran oportunidad para darnos cuenta de lo importante que es proteger el medioambiente. El hecho de visitarlo y conocerlo nos ayuda a comprender su valor y fragilidad.

Por lo general no cuidamos aquello que no conocemos, así que en Rutas por Montaña consideramos importante regular en vez de prohibir el acceso al medio natural. Así, podremos acercarnos a conocer la naturaleza y a entender la necesidad de protegerla.

Desde estas líneas, queremos hacer nuestra aportación al “civismo en montaña” con algunas pautas de comportamiento responsable:

  • Basuras: llévate de vuelta tu basura e incluso la que encuentres. Si ves grandes cantidades, haz fotos e informa a la oficina o centro de visitantes local. Recuerda discriminar los tipos de residuos cuando los eches a los contenedores (en la mayoría de las papeleras no se separan).
  • Ruido: hay que ser discreto en el monte por respeto a la fauna local y al resto de montañeros. También en el interior de los refugios, poniendo especial atención a los horarios de descanso.
  • Educación: permite pasar cuando venga alguien por detrás y viceversa, no avasalles cuando vayas a adelantar. Cede el paso a los que vienen cuesta arriba o cansados.
  • Niños: el contacto con la naturaleza será una gran herramienta para su educación integral. Intenta que no molesten a la fauna y respeten la flora.
  • Animales: no des ni dejes comida, incluso biodegradable, ya que puede ser perjudicial para la fauna local y el ganado. Lleva a tu perro siempre con la correa para no molestar a otros animales o personas.
  • Vehículos: transita despacio y sin la música puesta. Utiliza exclusivamente las zonas de aparcamiento habilitadas.
  • Fuentes: solo para beber agua. No la uses para refrescar los pies o lavar ropa o utensilios. Evita que tu perro chupe el caño de la fuente.
  • Normativas: y por encima de todo, cumple y haz cumplir las regulaciones y prohibiciones en los espacios naturales.

En una reciente excursión que estaba guiando, uno de los participantes me comentaba al final de la misma que había echado de menos un ritmo más elevado. Consideraba que la condición física de los participantes era superior al ritmo seguido y que podríamos haber caminado más rápido para llegar más lejos y hacer más kilómetros. Sin entrar a valorar la condición física del grupo, le expliqué que la filosofía de nuestras actividades no se centraba solo en realizar ejercicio físico descubriendo paisajes, sino que también poníamos valor en el mero hecho de “estar” en la naturaleza (en concreto en los entornos montañosos), escucharla, observarla, sentirla y aprender compartiendo conocimiento y experiencias con el resto del grupo.

Y es que en ocasiones nos dejamos llevar por el ritmo frenético que nos marca la agenda cotidiana, incluso cuando buscamos huir de ella o mitigar sus efectos.

Juanjo Garbizu, apasionado montañero, plasmó en su libro “Monterapia” su inquietud por esta creciente tendencia de pasar por el monte “deprisa”. Decía Juanjo que cada vez la gente pasa menos tiempo en las cumbres. “Y no me refiero solo, con todos mis respetos, a los que llegan corriendo, miran el cronómetro y se lanzan valle abajo. Tengo la sensación de que antes la montaña era más contemplativa, más reflexiva. Llegaba uno a la cima, se despojaba de la mochila, se sentaba y extraviaba la mirada en el vasto horizonte. Incluso mucha gente llevaba unos pequeños prismáticos y se entretenían reconociendo las cimas cercanas, dirigiendo su aumentada mirada hacia ellas. El vuelo rasante y cercano de un ave nos abducía sobremanera y el tiempo parecía detenerse en las alturas.”

Sin menospreciar la parte deportiva de las actividades en la naturaleza, de gran valor cuando se desarrolla desde el respeto, tal vez nos haga falta recuperar el disfrute de las montañas desde la perspectiva más sosegada. O al menos combinar ambas y que “alcanzar la cima” no sea el único objetivo.